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Escrito por Administrator
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28.06.2005 |
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Página 1 de 28 La situación económica de la empresa no era nada buena. Teníamos muchas deudas y la planta de personal se había reducido de 30 empleados a solo 7. Estábamos llegando al punto de tomar la decisión de declararnos en bancarrota, pero mi esposa Claudia de 40 años y mi hija Jimena de 20, me motivaban a no tomar esa decisión tan dolorosa ya que la empresa de textiles había pasado de generación en generación a lo largo de estos últimos desde la gran bisabuela hasta yo.
-"Estamos dispuestas a ser lo que sea con tal de seguir adelante con la empresa", me repetían una y otra vez ellas dos.
Cierto día, en que yo buscaba llegar a un acuerdo con los dos más grandes deudores, el Doctor Javier Martínez y el Doctor Horacio Jiménez, mi esposa y mi hija me llamaron al celular y acordamos encontrarnos en el restaurante donde almorzaba con mis acreedores. Hablábamos del monto de la deuda y yo me daba cuenta que la condiciones de pago eran muy difíciles de cumplir. -"Por que no me dan mas tiempo y les prometo que les pagare en tres meses", decía yo infructuosamente buscando convencerlos de que me dieran mas plazo. Si lograba un acuerdo con ellos la empresa se salvaba, pero si no lo hacia, estaba condenada a desaparecer. -"Lo siento Cesar, pero no es posible", me repetían una y otra vez los doctores. |
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Ultima modificación ( 09.11.2006 )
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