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Escrito por Administrator
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27.09.2005 |
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De inmediato salí corriendo del lugar y fui directo a su cuarto, vi sobre su cama su ropa, y busque la interior, era una tanga muy pequeña de color guinda, sin pensarlo comencé nuevamente a masturbarme. Mis sentidos estaban completamente fuera de si, que no escuche la puerta abrirse, y de pronto… Solo sentí sobre mí una mirada penetrante, que me obligo a voltear y ahí estaba ella, sentada en su buro con la mano bajo la toalla, sin decir nada se levanto y camino hasta donde yo, no sabia que hacer mi pene aun en la mano aun seguía erguido, estaba muy nervioso no sabia que esperar, se acerco a mi me miro; su mirada era una mezcla de ternura, repudio y sensualidad, me quito la prenda de la otra mano, en ese momento me sobresalte, como si hubiera despertado de un letargo, y espantado trate de cubrir mi evidente excitación, tomo mis manos y las puso sobre sus nalgas, son tan ricas; ya en anteriores ocasiones las había tocado mediante un roce, o al sacar algo de su bolsa, pero esta vez fue diferente. En ese momento miles de ideas ocupaban mi cabeza, experimentaba mil diferentes sentimientos.
Casi sin darme cuenta le quite la bata, y al instante mi boca estaba en sus enormes pechos, mientras mis manos vagabundeaban en su cuerpo su cara era de placer absoluto, poco a poco me despojo de la ropa hasta quedar desnudo, no pude aguantar mas y metí uno de mis dedos en su cavidad vaginal, estaba tan caliente que casi me quemaba, pero su humedad acoplo al invasor, se recostó en la cama, y entonces pude besar su piel completa, a mi antojo, la recorrí una y otra vez, desde la punta de sus pies hasta su boca, primero de frente pasando por sus muslos, llegando a su vientre, jugando con su ombligo, escalando sus pechos, rodeando su cuello, empapando su boca; y luego por la espalda, midiendo cm. a cm.
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