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Como pude, me pare de la reposera y me acerque a ella le di un beso en la boca y susurrandole al oido le comente que lo que estaba haciendo era una de mis fantasias de los ultimos meses y que si a ella le gustaba yo no me pondría celoso, al contrario, le ayudaría a desarrollar su fantasía y llegar hasta donde ella quisiera.
Cuando escucho esto, me miro fijo y me preguntó :
-¿ Llegar hasta donde yo quiera? - Sí, ¿porqué? ¿hasta donde queres llegar?, le respondí. - Me gustaría mostrarle la cola a estos chicos sin la mallita. ¿me dejás?
La conversacion había llegado al punto que yo ya no podía sopotar mas que mi pene estuviera encerrada en el pantalon.
Ella me miraba como esperando la respuesta, sin dejar por supuesto de arquearse cada vez más para mostrarse mejor a estos chicos que yá a esta altura y sin ningún disimulo habían sacado sus penes y se estaban haciendo flor de paja.
- ¿No te parece que sería demasiado?, ¿no te da vergüenza? le pregunte. - No, para nada, lo unico que me da un poquito de vergüenza es confesarte que siempre me gustó mostrarme y especialmente me excita muchisimo cuando los hombres me miran y desean mi colita.
Vi en su cara que contarme esto la calentaba terriblemente, y yo que con mi calentura no me quedaba atrás le seguí preguntando.
- ¿Le mostraste la colita a muchos señores en este ultimo tiempo? - A varios, ¿querés que te cuente la última vez? - Fue ayer cuando salí del edificio para el gimnasio con las calzas azules y al ver que Segio (el portero) y Ruben (el de seguridad) no podian sacarme los ojos de encima, me abrí un poco de piernas, me agache sin flexionar las rodillas y hice como que me ataba el cordon de las zapatillas, poniendole la cola a un metro de la cara de ellos. Me clavaron la vista y pude ver como Ruben se puso la mano en el pantalón y murmuro algo que no llegue a escuchar. Esto me calentó tanto que tuve que volver a casa a cambiarme porque me había mojado toda. |