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Sexo con El Cadete del Hipermercado |
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Escrito por Administrator
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13.03.2007 |
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Así estuvo unos segundos hasta que me tomó de la cintura y me incorporó, con él a mi lado. Fue un momento casi mágico, porque ninguno de los dos hablaba, sólo nos medíamos con la mirada. Cuando me tuvo frente a él, me encerró entre sus brazos, me recorrió el borde de la toalla a la altura de mi pecho con un solo dedo, sintiendo como se calentaba mi piel lentamente. Aspiró mi aroma de sales desde el cabello húmedo hasta mis hombros, llenó de besos y lamidas la piel de mi cuello, los lóbulos de mis orejas y la base de mi garganta, mientras se oían las dos respiraciones agitadas, acompasadas y sus brazos me apretaban más y más contra él. Con ese contacto confirmé la dureza de su físico, su aroma varonil y la dimensión de su verga. Sus manos acercaban mis nalgas a su entrepierna y las hacía girar en círculos para que yo pudiera sentir su deseo sobre mí. Abriendo mis brazos en cruz y en silencio, lo dejé sacarme la toalla lentamente, quedando completamente en bolas frente a sus ojos, lista para que me recorriera completa, con manos y boca. El deseo de sentir a ese hombre dentro de mí, me estaba llenando por completo, sentía cómo me había calentado y cómo estaba comenzando a sentir mi propio aroma subiendo desde mi entrepierna y eso parecía enloquecerlo más, porque cerraba sus ojos y me aspiraba desde su altura, saboreándolos mientras inhalaba profundamente. |
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Ultima modificación ( 13.03.2007 )
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